Serapio no es chef de profesión, pero sí cocinero de afición.
Serapio Porres, al caminar por las calles entre las 10 de la mañana y el mediodía, puede reconocer lo que las amas de casa están cocinando. No es necesario que se acerque demasiado, simplemente, mientras recorre cuadra por cuadra va musitando: “Ají de gallina, lomo saltado, ceviche, lentejitas, arroz con pollo con una taza de cerveza negra…”
Serapio Porres, al caminar por las calles entre las 10 de la mañana y el mediodía, puede reconocer lo que las amas de casa están cocinando. No es necesario que se acerque demasiado, simplemente, mientras recorre cuadra por cuadra va musitando: “Ají de gallina, lomo saltado, ceviche, lentejitas, arroz con pollo con una taza de cerveza negra…”
Él no es chef de profesión, pero sí cocinero de afición. No es reconocido como Gastón Acurio; sin embargo, todo su barrio de La Victoria lo distingue como “las manos sagradas”, a lo que él responde: “No se lo debo a mis manos, sino al olfato bendito que tengo”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario